lunes, 2 de junio de 2008

JURERE




Realmente cuando arribamos, creímos que habíamos llegado al cielo, nos queríamos quedar a vivir ahí y Salvochea nos decía que todavía no habíamos llegado a las puertas del paraíso.
No podíamos creer que existieran lugares más hermosos.
En el lugar nos atendieron realmente muy bien, nos esperaban con los botes para ayudarnos a amarrar, aunque esta vez fue al borneo, o sea en una boya, pero teníamos todo lo necesario para cargar agua, combustible, las instalaciones y el centro a un par de cuadras.
Aprovechamos para hacer lavar la ropa en la ciudad, alquilamos un vehículo con el que fuimos principalmente a la cede central del Yate Club de Florianópolis, para hacer arreglar la vela que se nos había rifado.
Fuimos al mercado municipal donde nos queríamos venir con todos los peces posibles, porque hay una variedad y una cultura del pescado que no lo podíamos creer.

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