







Reconozco que al principio, teníamos mucho miedo de Noronha, porque en las reuniones nos habían dicho que no íbamos a poder bajar al perro, que no se podía utilizar el baño a no menos de una profundidad de 50 metros o utilizar los baños públicos, que la basura debía estar perfectamente seleccionada y separada para el reciclaje o podíamos ser sancionados por multas impuestas por IBAMA, unidad de conservación cuyo objetivo es proteger la fauna, flora y demás recursos naturales.
Pero nos encontramos con personas muy amables, no tuvimos problemas con Fliper, y la basura podía ser arrojada normalmente en cestos al efecto. Las cosas estaban más caras, pero es algo lógico para un lugar tan remoto, donde solo habitan 3.000 personas, que te ofrecen innumerables opciones de actividades.