
Llegamos al paraíso, tiene forma de una pintoresca aldea cuyos moradores se dedican de lleno a la pesca artesanal.
Personas humildes pero sumamente amistosas conviven en el lugar respetando a la naturaleza y al entorno.
Entre ellos unas niñas ofrecieron a los veleros artesanías, acercándose con una canoa hecha de un solo tronco ahuecado.
Nos llamo la atención la ropa blanca por lo inmaculada que se veía, contándonos los lugareños que usan un producto que tiene añil, que le da ese toque tan especial, quitándole el amarillento de las prendas.