Mientras el Tano y Susi se quedaron a descansar nos fuimos en micro a Parati, 2,5 horas de viaje pero valió la pena.
Nos quedamos enamorados de Parati, ciudad de ensueño, llena de poesía y encanto.
Nos quedamos con sabor a más, por lo que decidimos ir a buscar a nuestros amigos y proponerles ir al otro día con los barcos, ya que se encontraban allí varios veleros del Crucero de la Amistad siendo seguro para dejar sola la embarcación.