




Por la noche nos transportamos en micros hasta, marina Aratú donde se dio fin al Crucero Costa Leste.
Se hizo una pequeña recepción donde se entregaron algunos regalos simbólicos, acompañados por las bahianas preparando sus comidas típicas con aceite de dendé, que ya lo sentimos hasta en los sueños y nos revuelve el estómago.
Hubo un espectáculo de capoeira realmente increíble, iniciando el espectáculo con la danza del fuego. Todavía me sigo sorprendiendo de lo que pueden hacer las personas con sus cuerpos, parecen no tener huesos dentro de ellos.
Luego un conjunto acompañó en vivo música forró donde me pude deleitar bailando su danza típica, el forró si lo comparamos con la música argentina, es como una especie de chamamé, en el que participa e bandoneón.
Cuando volvimos con las combis hacia el CENAB, donde se encontraban nuestros barcos, creo que el pensamiento de los argentinos era unánime. Había terminado el Crucero, pero nunca nos dimos cuenta que habíamos ido en grupo, porque nunca nos manejamos en grupo, desde el principio fuimos separados en subflotillas por la eslora del barco, pero luego nuestros subcomandantes brillaron por su ausencia, nos sentimos apartados e ignorados.
Creo que estábamos acostumbrados a la organización de Carlos en el Crucero de la Amistad y que en ningún momento existió en éste. Cada uno se manejaba por su cuenta, mientras unos se quedaban en un lugar otros, se iban para un lado o para otro, cuando daban alguna charla a nadie le importaba que no entendiéramos el idioma, le pedíamos que hablen mas despacio, pero como si nada. Nadie tenia control de las embarcaciones, todo había terminado y cuando leían las listas de los barcos seguían nombrando al Tequila, que se separó del grupo en Victoria por problemas en la tripulación y el Nativo, que todavía no había llegado, ya que sus tripulantes tuvieron que regresar a la argentina, uno con el codo fisurado y el otro con problemas de cervical y a la espera de otro tripulante todavía se encontraba en Porto Seguro.
Cuando nos sentábamos a comer en algún lugar, el grupo de brasileros podía sentarse alrededor de una mesa uno arriba de otro pero nadie se sentaba con nosotros, salvo raras excepciones como la gente del Horizonte que colaboro permanentemente brindándonos la información meteorológica, la tripulación del Guga Buy eran los que organizaban los asados en el muelle, tratando de confraternizar el grupo, los del Simbad II, que animaban todas las reuniones con las canciones de Susy y Víctor.
Había personas que con el tiempo nos fuimos enterando que realizaban trabajos sociales con la gente carenciada, como Dona Ro, Toriba y Bora Bora, como ir a contar historia en los colegios y hacer algunas donaciones, pero todo esto siempre se mantuvo en el anonimato, de esas cosas no se hablaban en las palestras como le dicen ellos a las reuniones o disertaciones.
Realmente no puedo hablar bien de este crucero, como ejemplo a las embarcaciones argentinas sin excepción siempre nos ordenaban fondear en el peor lugar, aunque viéramos espacios libres en otros, ya que estos los reservaban únicamente a embarcaciones de Brasil, pese a los reiterados comentarios que hicimos al respecto.
El norte de Brasil hay que conocerlo, pero hasta ahora no vimos nada tan lindo como Angra dos Reis y sentimos muchas saudades de Carlos y el resto del grupo del Crucero de la Amistad, a los que todos llevaremos en nuestros corazones.
Se hizo una pequeña recepción donde se entregaron algunos regalos simbólicos, acompañados por las bahianas preparando sus comidas típicas con aceite de dendé, que ya lo sentimos hasta en los sueños y nos revuelve el estómago.
Hubo un espectáculo de capoeira realmente increíble, iniciando el espectáculo con la danza del fuego. Todavía me sigo sorprendiendo de lo que pueden hacer las personas con sus cuerpos, parecen no tener huesos dentro de ellos.
Luego un conjunto acompañó en vivo música forró donde me pude deleitar bailando su danza típica, el forró si lo comparamos con la música argentina, es como una especie de chamamé, en el que participa e bandoneón.
Cuando volvimos con las combis hacia el CENAB, donde se encontraban nuestros barcos, creo que el pensamiento de los argentinos era unánime. Había terminado el Crucero, pero nunca nos dimos cuenta que habíamos ido en grupo, porque nunca nos manejamos en grupo, desde el principio fuimos separados en subflotillas por la eslora del barco, pero luego nuestros subcomandantes brillaron por su ausencia, nos sentimos apartados e ignorados.
Creo que estábamos acostumbrados a la organización de Carlos en el Crucero de la Amistad y que en ningún momento existió en éste. Cada uno se manejaba por su cuenta, mientras unos se quedaban en un lugar otros, se iban para un lado o para otro, cuando daban alguna charla a nadie le importaba que no entendiéramos el idioma, le pedíamos que hablen mas despacio, pero como si nada. Nadie tenia control de las embarcaciones, todo había terminado y cuando leían las listas de los barcos seguían nombrando al Tequila, que se separó del grupo en Victoria por problemas en la tripulación y el Nativo, que todavía no había llegado, ya que sus tripulantes tuvieron que regresar a la argentina, uno con el codo fisurado y el otro con problemas de cervical y a la espera de otro tripulante todavía se encontraba en Porto Seguro.
Cuando nos sentábamos a comer en algún lugar, el grupo de brasileros podía sentarse alrededor de una mesa uno arriba de otro pero nadie se sentaba con nosotros, salvo raras excepciones como la gente del Horizonte que colaboro permanentemente brindándonos la información meteorológica, la tripulación del Guga Buy eran los que organizaban los asados en el muelle, tratando de confraternizar el grupo, los del Simbad II, que animaban todas las reuniones con las canciones de Susy y Víctor.
Había personas que con el tiempo nos fuimos enterando que realizaban trabajos sociales con la gente carenciada, como Dona Ro, Toriba y Bora Bora, como ir a contar historia en los colegios y hacer algunas donaciones, pero todo esto siempre se mantuvo en el anonimato, de esas cosas no se hablaban en las palestras como le dicen ellos a las reuniones o disertaciones.
Realmente no puedo hablar bien de este crucero, como ejemplo a las embarcaciones argentinas sin excepción siempre nos ordenaban fondear en el peor lugar, aunque viéramos espacios libres en otros, ya que estos los reservaban únicamente a embarcaciones de Brasil, pese a los reiterados comentarios que hicimos al respecto.
El norte de Brasil hay que conocerlo, pero hasta ahora no vimos nada tan lindo como Angra dos Reis y sentimos muchas saudades de Carlos y el resto del grupo del Crucero de la Amistad, a los que todos llevaremos en nuestros corazones.



