sábado, 13 de septiembre de 2008

Llegamos a Maceió
























Llegamos por fin a Maceió y nos encontramos con un panorama realmente patético, el único lugar donde se podía llegar en barco, era una podredumbre, el club náutico practicamente no existía, estaba cerrado entre rejas rodeado por dos fabelas en medio de una mugre impresionante, donde increíblemente nadaban chicos, la gente pescaba y los boteros vivían con sus pies descalzos en el agua y de los que dependíamos para descender de los barcos. Tanto nosotros como los brasileros no nos animámos a bajar los auxiliares debido a la gran cantidad de palos, vidrios, basura, restos de combustible y otras asquerosidades que lo pudieran romper, agravado por el tema de la inseguridad, ya que la vecindad se encariña con esos botecitos y se los llevan de recuerdo, je, je.

Apareció el botero, "Carlinho", personaje de novela que para descender nos llevó en su bote, de madera , lleno de agua podrida y con cangrejos en toda la proa, que nos decía eran para su almuerzo, los que por el calor sacaban espuma por la boca por lo que Norberto se apiadó y les tiraba agua, ignorando cual era el mal menor para esos pobres bichos.

Nuestro botero, diligente para que no nos ensuciemos mucho embicó la proa en una montaña de basura sobre la cual descendimos a tierra, debiendo sortear para llegar al club más basura, gente pidiendo rogando nos habran un portón y así acceder a la Federación Alogoana de Vela y Motor.

Al conseguir entrar hallamos toda gente amable y bien predispuesta, los que no sabían que hacer para atendernos y hacernos sentir cómodos.

Y cuando salimos a caminar, nuestra perspectiva sobre la ciudad cambió radicalmente. A no más de 300 metros hacia el Norte se extienden playas increíblemente hermosas y limpias con una infraestructura de primer nivel.