martes, 16 de septiembre de 2008

Rumbo a Recife







Nos hubiese gustado disfrutar un poco más las playas de Maceió, pero nuestro embarcadero lo hacía insoportable.

De camino, casi tuvimos un percance, una jangada que se encontraba pescando la vimos a penas a diez metros de embestirla.
Estábamos sentados en una de las bandas y por la vela que se encontraba abierta había un ángulo ciego que no podíamos ver y como si Dios lo hubiese levantado a Norberto, pudo observarlo justo a tiempo.

Cuando los pasamos parecía que nos saludaban pero me parece que nos insultaban.

Increíble en las condiciones que sale esta gente de pesca, se dice que pasan hasta días pescando sin ir a tierra, en condiciones totalmente precarias, es una balsa flotando, sin luces, anclas ni elementos de seguridad, salvo por la noche que cuando están a punto de ser embestidos prender un encendedor y se encomiendan a Dios. Hay muchos casos de pescadores desaparecidos perdidos en la inmensidad del mar.